Escrito por: Erika Cosenza
Fecha de publicación: 20 de febrero de 2026

«Siempre se dice que la tecnología no es ni buena ni mala, que depende de cómo se usa. Con un martillo puedes construir o puedes destruir. De acuerdo. Pero… ¿y si te digo que el martillo está hecho de huesos de bebé? Eso es la IA». Una compañera pronunció, palabras más, palabras menos, esta frase unos minutos antes de que comenzáramos una mesa redonda. No digo su nombre porque fue una charla privada.
Esta ocurrencia brutal, hilarante y certera refleja más o menos mi sentipensar sobre la llamada inteligencia artificial generativa y explica por qué me niego a entrar en el debate sobre la calidad de lo que produce.
¿Las traducciones han mejorado desde la aparición de los primeros traductores automáticos? Sí. Claro que no son perfectas y carecen de la calidad y la sensibilidad de las traducciones humanas. La máquina se empantana con la polisemia, los dobles sentidos, los juegos de palabras, los coloquialismos, los dialectos y un largo etcétera. Lo mismo podemos decir de la escritura, de la edición, de la ilustración y de muchas otras áreas creativas. Muchas veces los textos (o los subtítulos) que generan nos resultan ridículos, sosos, inentendibles… No obstante, lo que la máquina produce ha mejorado y sin duda lo seguirá haciendo porque se la alimenta constantemente. No me interesa entrar en esa discusión ni marcar los errores, ni siquiera para reírme (y vaya que algunos son dignos de unas cuantas carcajadas).
Tampoco quiero debatir sobre el uso ético de la IA generativa porque ¿cómo podemos hacer un uso ético de una herramienta cuya producción no es ética? ¿Una causa noble amerita emplearla para ahorrarte los honorarios de, pongamos por caso, el arte que acompaña sus posteos? ¿El fin justifica los medios?
Existen muchas organizaciones de derechos humanos que hacen una labor increíble en su área de especificidad —muchas de las cuales sigo y apoyo— que la han comenzado a usar para la generación de ilustraciones, imágenes y videos, para la traducción y la interpretación, para subtitular y doblar material audiovisual, sin percatarse de que va en detrimento y está en las antípodas de lo que ellas mismas defienden.
La IA generativa es un sistema extractivista que engulle capital, energía, recursos naturales, trabajo humano, datos e inteligencia colectiva; que está plagado de sesgos racistas, clasistas, coloniales y patriarcales (que reproduce una y otra vez); que uniforma y arrasa con el pensamiento crítico, debilita la memoria, menoscaba nuestra capacidad de resolver problemas (no en vano se está hablando de la «deuda cognitiva» que genera); y que vulnera derechos fundamentales.
Juro que no sangro por la herida abierta de mi amada profesión… bueno, sí, también es eso. Porque la realidad es que se nos cierran más y más puertas, y veo amigas queridas y personas conocidas que se han visto forzadas a buscar otros medios de vida.
En suma, la IA generativa se alimenta de explotación y regurgita marginación y desplazamiento de la clase trabajadora.
Y sí: alguien podría señalarme —con toda razón— que estoy escribiendo esto en un ordenador, que tengo teléfono móvil, que uso internet y que todos los días empleo productos de higiene personal y me pongo ropa, y que todas esas industrias y tantas otras, con distintos grados de solapamiento, crueldad y conciencia pública, están basadas en algún tipo de explotación.
OK. ¿Por qué no empezamos a pensar de qué están hechos los martillos —todos— que usamos?
nota: La imagen que adorna esta publicación (y mi ordenador) es una pegatina obra de Lluvia dibuja
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Con la aparición de la inteligencia artificial y el auge de las criptomonedas, la demanda de computación de datos se está disparando, lo que está provocando un rápido aumento del número de megacentros de datos. Ese crecimiento genera importantes y preocupantes demandas de agua, así como un dramático aumento del consumo de electricidad. Estas tendencias entrañan graves riesgos para los ecosistemas acuáticos y presentan expectativas insostenibles para el futuro. […] Según un estudio reciente, se calcula que, como consecuencia de la demanda mundial de inteligencia artificial, en 2027 se requerirán entre 4.200 y 6.600 millones de m3 de agua.
Esto dice Pedro Arrojo, el relator especial para la ONU sobre agua, que hizo un informe sobre la relación de agua y energía con los derechos humanos.
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Vivir con dignidad no es un privilegio sino un derecho.
En el sitio de Arte es Ética, además del manifiesto en defensa de los derechos humanos frente a la IA generativa y el enlace para firmar, encontrarás infinidad de artículos y recursos.
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La colonialidad es parte de la lógica estructurante de la inteligencia artificial tanto en la forma en que se produce como en el modo en que opera. La IA se produce a partir de una división internacional del trabajo digital que distribuye tareas entre una fuerza laboral global, con los empleos más estables, mejor remunerados y más deseables ubicados en ciudades clave de los Estados Unidos y los más precarios, peor remunerados y más peligrosos exportados a las periferias del Sur Global. […] Los resultados obtenidos de la IA generativa también refuerzan las viejas jerarquías coloniales, ya que buena parte de los conjuntos de datos y marcos de referencia comunes con los que se entrenan estos modelos privilegian formas de conocimiento occidentales y pueden reproducir estereotipos nocivos y mostrar sesgos contra grupos minoritarios mal representados o distorsionados en los datos.
Esto, y muchas más cosas interesantísimas, nos dicen James Muldoon, Mark Graham y Callum Cant en el libro Alimentar la máquina, publicado por RBA en 2024. Y no lo recomiendo porque la edición en castellano es mi traducción, sino porque pinta un panorama completo y revelador.
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[…] empresas tecnológicas, como Adobe, están generando réditos económicos a partir de imágenes generadas con IA que reflejan un imaginario estereotipado y explotador de cuerpos negros y marrones que vivencian vulnerabilidad y pobreza.
Arsenii Alenicheva, Sonya de Laatb, Mark Hannc, Patricia Kingorid, Koen Peeters Grietens en The ethics of global health communication in the artificial intelligence era: avoiding poverty porn 2.0 [el texto está en inglés] nos advierten sobre lo que se ha denominado «pornografía de la pobreza 2.0».
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El uso excesivo de la inteligencia artificial debilita nuestra memoria y reduce la capacidad para pensar críticamente y resolver problemas de manera independiente.
Eso dice acá la Real Academia Española de Medicina.
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