Cine

Cierre de un año exitoso del Cine Club

Escrito por: Javier Rey
Fecha de publicación: 2 de enero de 2026

Imagen tomada de la película "American Psycho": muestra un primerísimo plano del actor Christian Bale en su personaje de Patrick Bateman con el rostro manchado de sangre.

That's the price that we all pay
And the value of destiny comes to nothing
I can't tell you where we're going
I guess there was just no way of knowing


En su long-play (sí, soy tan viejo como para conocer estos términos) Substance de 1987, New Order daba a conocer al mundo ese párrafo, parte de la letra de uno de sus hits más populares: «True Faith». 

El tema forma parte de la banda sonora de American Psycho, una de las películas que este año fue parte de la carta servida mensualmente en el Cine Club organizado por Ciempiés. La obra maestra de Mary Harron, más vigente hoy que cuando se estrenó veinticinco años atrás, nos dio la excusa perfecta para hablar de cómo el cinismo y la psicopatía de Patrick Bateman, que allá por 2000 parecían caricaturescos, hoy forman parte de la forma en la que los políticos (y las políticas) ganan votos y gobiernan sin que se les mueva un pelo. Pero también para debatir acerca del uso de las causas nobles; de la arquitectura global y vacía que desde Wall Street se extendió primero hasta de La Défense y luego hasta ese distrito de Barcelona con nombre de experimento social de laboratorio el 22@; del reinado de lo políticamente correcto junto al crecimiento de la clase indigente que florece con impiedad debajo de los aleros de las ciudades del primer mundo. 

Con Sofía Coppola y su versión de The Beguiled, vimos cómo lo masculino también puede ser una presencia fantástica y misteriosa en el mundo de la mujer (y que no siempre tiene que ser a la inversa). El melodrama como género espejo de la ciencia ficción, el objeto de deseo como alien. 

Con Doris Wishman, conocimos a una cineasta empoderada de verdad, que pasados sus cincuenta allá por los sesenta del siglo pasado, emprendió una carrera para ganar dinero más allá de la calidad, y terminó encontrando un estilo que, de haber nacido en la rive gauche del Sena, estaríamos comparando con Godard. 

Homenajeamos a Ida Lupino, que era una cuenta pendiente, y su punto de vista de una violacioón desde lo femenino y el trauma psicológico. Para compensar el más satisfactorio y clásico vendetta tour de force de Coralie Fargeat y su mi-nueva-peli-favorita Revenge.  

Karyn Kusama nos introdujo en el terror tántrico con The Invitation y nos dejó un par de lecciones a contracorriente de la literatura de superación personal: hay que pasar los duelos, estar triste no es malo, y no hay que idolatrar a los que se visten y sonríen como Steve Jobs (ni al propio Steve Jobs, por supuesto). 

Y, finalmente, Elizabeth Banks, esa militante del movimiento cinematográfico nacido a la sombra del Me Too, que desmiente el mito de que las feministas no son divertidas con su obra más gamberra: Cocaine Bear

Estas son solamente algunas de las películas dirigidas por mujeres que pasaron este año por el Cine Club, y de los temas que charlamos gracias a ellas. No sé dónde vamos y creo que no hay forma de saberlo, reza la letra del principio. Hay un precio de tiempo y de esfuerzo que pagamos por mantener el espacio, pero es tan satisfactorio que vale la pena, por eso lo seguiremos haciendo mientras podamos. Sobre todo cuando uno recibe ciertas palabras de agradecimiento como las de Laura, una fiel asistente a las veladas y ya una amiga, que define al club como «un espacio que salva vidas». Infinitas gracias a Laura y a cada persona que hace posible el espacio, viniendo, participando, debatiendo, escuchando en silencio, diciendo que la peli no le gustó o sugiriendo títulos. Que 2026 nos siga  reuniendo para ver películas, hablar sobre ellas y ser felices.